Hugo Díaz

Siendo Hugo Díaz un punto de referencia de la armónica en Argentina, también algo desconocido para muchos, recibo muchas consultas en torno a su biografía y discografía, introduzco debajo de estas líneas parte de su historia y algún enlace donde ampliarlo, a la vez que muestras de audio y discos.

 

Recopilación por Hugo Marcelo Cejas, fuente:   http://hugodiaz.ar.tripod.com/

 

Hugo Díaz nace en la mítica Santiago del Estero, acunado por el sortilegio de leyendas y salamancas, telesíadas, montes de algarrobos, salitral y una soledad inmensa. El rumor de la palabra de Ricardo Rojos, el rescoldo tibio de Manuel Gómez Carrillo y de Andrés Chazarreta, las noches calurosas en que las estrellas velan con una claridad impresionante, el sueño de casi todos con el catre en los patios, la vida rodeada de música por doquier, con abuelos quichuistas memorizando las zambas viejas, ñaupas, que con su inestimable y sutil belleza brotan de la guitarra, del bombo, del arpa y del violín, que ha recordado un viejito ciego o una viejita guardadora de vidalas, hasta que le llegan a Hugo Díaz, el niño prodigio; el ushuto, el shulko, que sabe el misterio de la música desde que nace, o antes, en el vientre de su madre. Como si fuera un destinado por Dios para este milagro de verter con fluidez el arte nativista que su heredad le comunica, aunando además talento y musicalidad.
La versatilidad de Hugo Díaz trasciende lo santiagueño, sus experiencias en Europa erudita le confieren una libertad que ya no se puede aprisionar y entonces, vuela y divaga en el espacio de una canción tradicional, o en ciertas concesiones pintorescas con que se luce en los festivales, solito con su armónica y un guitarrista, desangrando sus canciones, este inmenso músico argentino, con la gracia de un chango, con el corazón de un niño.
Galopera, la obra de Cardozo Ocampo, inicia una antología formidable de canciones, que forman ya nuestra joven pero al fin lograda heredad musical. Y Hugo Díaz queda en el folklore, con todos los grandes.

Este santiagueño es grande, inmenso algarrobo entre todos los músicos, a cuya sombra bienhechora crecieron muchos grandes artistas. Nació en Santiago del Estero, el 10 de Agosto de 1927, y murió en Buenos Aires en 1977, donde vivía hacía muchos años.
Este Hugo Díaz, risueño, jovial, de cara redonda como un pan, de hermosos ojos negros, de labios gruesos, siempre mordaz, con su tonada santiagueña, hacía más ocurrente todo lo que decía, como un niño feliz de hacer divertir con sus chistes a los demás. Su ternura, su don carismático, su sentido de la amistad, fueron un distintivo en él. Podía deslumbrar con su maestría en la armónica, con su tic jazzístico. Era intuitivo y valioso, por su osadía de tocar con misma gracia, improvisando, imitando a sus amados fantasmas de la gran música. Tocaba también el violín, el piano, el contrabajo y el bajo con increíble soltura, ya que se inició como bajista en una banda de jazz, allá en Santiago, cuando andaba en los comienzos de la que sería su vida, la música.
Debutó en la radio de Santiago, en 1936. Era un niño cuando tomó parte de la primera orquesta folklórica, creada por el consejo de Educación de Santiago del Estero. Bajo la dirección del maestro Leopoldo Bonell, actuó como solista de la armónica. El director de orquesta Juan Carlos Barbará, lo contrata en Buenos Aires, allá por el año 1944, y debuta en la confitería Hurlingham, actuando como intérprete de música nativa.
Corre el año 1946 y Chacay Manta lo invita a formar parte del conjunto. Por ese entonces, ya había una serie de amadores fieles del folklore. Un sueño de juventud fue su primer conjunto integrado por Victoria Cura, su esposa, como cantante, Domingo Cura, su cuñado, percusionista y los guitarristas José Jerez, julio Carrizo y Nelson Murúa. Victoria era su cantante y con ella, santiagueña de voz bellísima, llegan a la gran capital.
Una mano abierta es la de Félix Pérez Cardozo (1908-1252). El honorable y bien querido músico nacido en Paraguay , que adoptara a tantos músicos paraguayos y argentinos con su famoso conjunto en el que su arpa paraguaya cobra significado nivel. Así que él, Félix Pérez Cardozo, fue el que abrió paso a Hugo Díaz, que se ganó enseguida el cariño y la admiración de todos los artistas. En esa cocina hogareña, que es el compartir las noches en las peñas, es donde TK, el sello grabador, contrata a Hugo para hacer su primer disco. luego en Odeón grabaría un repertorio más completo y en RCA encabezó la lista de éxitos.
Para Hugo, el sueño del pibe se había cumplido. A su lado, una profusión de músicos de absoluta idoneidad llegan a conformar el más importante enjambre de talentos, Alcira, esposa de Domingo Cura, es siempre la fiel comunicadora con todos ellos. Una época gloriosa es la de Kelo Palacios, Mariano Tito, Eduardo Lagos, Osvaldo Berlinger, Oscar Alem, Eduardo Ávila y Domingo Cura, una excelencia, junto a Domingo Cura en percusión.
En verdad, era un placer oír contar a Hugo cómo había tocado el cielo con las manos. En Estados Unidos toca junto a Lous Armstrong y Oscar Peterson; valía la pena haber vivido. A raíz de su actuación en Leverkusen (Alemania), contó con el apoyo de la Casa Hohner, fabricante de las armónicas que utilizaba, que puso a Hugo, junto a sus más grandes intérpretes, en la galería de retratos de su sede central. En Bélgica (1953), pudo conocer a los grandes de la armónica, Toots Thielemans y Larry Adler. Hugo ya tenía su lugar en el mundo. Waldo de los Ríos, una figura en España e Inglaterra y generoso anfitrión de los argentinos que iban allí, lo invita a grabar junto a él. Actúa en Oriente Medio, en Japón, en Roma, en la Scala de Milán, junto a figuras como Renata Tebaldi y Mario Del Mónaco, de renombre en el canto lírico.
Así, después de una vida agitada, vuelve al pago. Vuelve a la patria y no es fácil, una vez pasada la primera excitación de la llegada. No será lo mismo conformarse con lo cotidiano, volver a una vida rutinaria, tolerarse y tolerar la exagerada y abrupta caída desde el cielo. Hugo se ríe por fuera pero no será fácil, ya que las posibilidades se limitan en trabajo. El talento prueba el sabor amargo y riguroso de sentir el dolor, la parálisis, de la rutina en lugares nocturnos, hablando de lo que fue, aguantando, resistiendo. Aún habría un obra grabada, de excelentes frutos. El manantial deja brotar canciones como la que hace con Ariel Petroccelli, aquélla Zamba del ángel.
Al morir Hugo, unos días antes, Victoria llenó de lágrimas sus hermosos ojos árabes, verdes como tunal, por su adorado esposo, y lo acompañó hasta el último hálito de vida. El éxito de Mavi, hija única de ambos, no alcanzó a ser visto por su padre, pero la hija de Hugo Díaz y Victoria es digna de ese hombrón maravilloso, que cantó a su Santiago, con el sonido de la armónica, que gimió y alcanzó la exquisita vibración de lo que llamamos música.

 

Recordaros que también hay una película biografía sobre su vida, anteriormente tratada en un post: http://harmonicaspain.es/hugo-diaz-a-los-cuatro-vientos/

Recopilación en Myspace: http://www.myspace.com/elgranhugodiaz

HUGO DÍAZ LA ARMÓNICA DEL MUNDO

Despreocupación por el dinero, ingenio para obtenerlo (desde aquella niñez humilde), alegría, buen humor, una enorme sensibilidad y un compañerismo hasta la heroicidad, eran los rasgos de la personalidad de Hugo Díaz. El armonicista santiagueño, talentoso de la música popular argentina, nació en Santiago del Estero, República Argentina, el 10 de Agosto de 1927 Hugo Díaz, con su estilo único y su magia personal, recreó maravillosamente todas y cada una de las melodías que interpretó y demostró que su armónica estaba capacitada para abordar la música de cualquier región del planeta.

Su actividad artística nació con él, aunque Hugo la definía como resultado de un accidente. Lo cierto es que “orejita” como le llamaban sus amigos de la infancia, era ya a los 5 años el andariego de siestas calurosas y el fiestero innato de toda reunión de chicos y muchachos de barrio. En una ocasión, un fuerte pelotazo en sus ojos hizo que perdiera la vista por espacio de un año y medio. Esta historia desgraciada en la vida de Hugo Díaz tuvo un despertar fantástico un día de Reyes, cuando sus manos morenas acariciaron la frescura del metal de su primera armónica.

La música fue entonces la luz para sus ojos y aquel instrumento pasó a ser el más fuerte atractivo de la vida. Hugo y su armónica habían pactado una relación infinita, eterna.

Sus diferentes actividades le obligaban a transitar sin cansancio las calles pueblerinas, cajón de lustrar en mano, mientras, cada tanto, ofrendaba las melodías perfectas de alguna chacarera a los transeúntes, Por las noches, en vez del descanso reparador, su alma inquieta lo empujaba hacia cualquier esquina iluminada donde, con su armónica descifraba los secretos de cuanta música llegaba a sus oídos.

Don Leopoldo Bonell, maestro de banda, posibilitó que aquel chico, con estrella de gran artista, integrara la orquesta infantil que dirigía y de ahí en adelante Hugo Díaz empezó a exponer sobre el escenario, todo cuanto absorbía su sentido musical, con esa intuición que sólo tienen los elegidos.

En el año 1936, con 9 años, debutó junto a su amigo del alma, el percusionista Domingo Cura, dos años menor que él, en la inolvidable L.V.11, la Radio del Norte, abierta a las expresiones musicales que lograban los hijos de su pueblo. Más tarde, en Buenos Aires, debutó en Radio Splendid, y sólo un par de audiciones fueron suficientes para que el público le admirara.

Su virtuosismo estaba presente donde la buena música estuviese programada, y fue el país entero, con el correr del tiempo, el maravillado por este artista santiagueño sin parangón.

Triunfó con lo suyo, lo que por tradición llevaba en el alma: las chacareras, zambas, gatos y escondidos aprendidos en el pago siendo niño, a través del silbar de sus mayores o por influjo de los otrora serenateros románticos, quedaron registrados en sus primeras grabaciones en discos de pasta. Su grupo, “Hugo Díaz y sus Changos” con Domingo Cura en el bombo y la voz de Victoria Díaz, su flamante esposa, hermana de Domingo y también su amiga de la infancia, publicó en su primer LP “Baile en el campo” en 1948. Durante los años 50 y 60 llevó el folklore argentino a los escenarios europeos de la mano de sus patrocinadores, la emblemática Casa Hohner, fabricantes de sus armónicas y tocó en vivo con músicos de la talla de Louis Amstrong, Sara Vaughan y Jean Toots Thielemann.

En Argentina, compartíó escenario, compuso y grabó con los músicos y poetas más emblemáticos de la cultura popular como Don Atahualpa Yupanqui, Gustavo “Cuchi” Leguizamón, Los Hermanos Ábalos, Oscar Cardozo Ocampo, Aníbal Troilo, Horacio Salgán, Astor Piazzola, José Colángelo, Eduardo Lagos, Los Hermanos Carabajal, Jaime Dávalos, Mercedes Sosa, Domingo Cura, Ariel Ramírez, Jaime Torres, Virgilio Espósito, Waldo de los Ríos, Victoria Díaz, Ariel Petrocceli, Dino Saluzzi, Roberto Goyeneche, Fernando Ochoa, Don Sixto Palavecino, Kelo Palacios, Mono Pereira, Los Hermanos Carabajal, la familia Farías Gómez, Alberto Cortés y muchos otros grandes.

La culminación llegó cuando su armónica, se encaminó por los ritmos del tango argentino, el jazz y los clásicos. Esa apertura artística hizo que Hugo recorriera el mundo grabando discos de forma ininterrumpida en Asia, Europa y América Su primer disco de tango “Hugo Díaz en Buenos Aires” fue disco de Oro en Japón, éxito que también alcanzaría el último: “Gardel: Cuarenta años después”

Hugo Díaz se fue el 23 de octubre de 1977, cumpliendo su último deseo -“ Quiero que la muerte me pille sobre el escenario, haciendo lo que hice siempre, la música del mundo”- El último tema que tocó antes de partir fue “La última curda”

Andrés Vicente; melómano, músico aficionado, loco de la armónica su música y sus bricolajes, recientemente descubrió lo bailable que puede ser toda la música interpretada por la armónica, y aún con lo anterior inquieto indagador en la música y lo que ella conlleva.

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    • oascar eduardo

      Un maravilloso comentario lanzado al tiempo , del querido y recordado HUGO

    • el más grande mundo, nadie está a la altura de hugo.

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